Era una jirafa de dos cabezas y ojos humildes. Estaba en la orilla del mar, mientras olas de unos seis metros se le echaban encima. Pero la jirafa de dos cuellos no parecía estar incómoda por el temporal. Seguía allí, quieta y mirando cómo entrábamos apresuradamente en casa. Yo me paraba en el descansillo junto con el Cuervo, y empezábamos a hacer fotos a la escena. El sol del ocaso, o quizás una extraña luna naranja, hacía que la espuma de las olas brillase espectacularmente cuando rompía contra los cuellos de la jirafa de dos cuellos.
Ha quedado registrada en mi cámara de sueños, para siempre. Me gustaría enseñárosla, pero tendríais que venir a mi Universo subconsciente, porque no puedo sacar las fotos de mi memoria SD onírica a una memoria SD de este plano. Una lástima.
miércoles 9 de febrero de 2011
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